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miércoles, 25 de abril de 2012

La espectacularización de la política

La comunicación política es comprendida como el espacio en donde se muestra un permanente e intenso flujo de información entre la política, medios de comunicación y público.

Su intensidad mayor se da cuando se ven envueltos en procesos electorales tanto en elecciones regionales y municipales, como en elecciones generales. Aquí la figura se da entre candidatos, periodistas y electores.
                                         


Entre ellos se manifiesta una serie de intentos de influir unos sobre otros. Esta dinámica sólo es posible y permitido en los marcos de la democracia representativa.

Siendo esta característica cuantitativa importante, la comunicación entre representantes y representados no pueden ser de otra manera que aquella que no sea a través de los grandes medios de comunicación de masas, sumado ahora,  Internet con las redes sociales en moda.

Por esta razón, mucha gente cree que la política es básicamente lo que los grandes medios transmiten. Y los que los medios transmiten es una permanente oferta de comunicación política de parte de gobernantes y políticos. Oferta, que a su vez, toma la forma discursiva y de eventos.

Con la televisión, la oferta conjuga el discurso y los actos a través de la imagen. Esta presencia construye la democracia centrada en los medios. Si los medios, particularmente privados, se encuentran en permanente competencia, su dinámica abre toda una gama de escenificaciones precisas: visualizar, personalizar, dramatizar, escandalizar, organizar seudo-eventos.

Por lo que sólo es noticia lo que según las reglas del sistema autoreferencial de los medios se define como tal: novedad, actualidad, relevancia, conflicto y violación de reglas establecidas.

Este proceso particular de espectacularización de la política a través de los medios de comunicación se ha denominado el proceso de americanización de la política, que presiona a un creciente proceso de personalización de la política. Sin embargo, este proceso desarrolla rasgos extremos e intensos cuando se trata de un proceso electoral. Donde el más grande se come al chico y la direccionalidad esta bien marcada en favor de uno y en contra del resto.

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