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jueves, 21 de febrero de 2013

Del desencanto a la esperanza

Es imposible evitar un sentimiento de satisfacción al ver que cada día salen noticias alentadoras del constante crecimiento de la economía peruana. En el año 2012 un 6.3 % de crecimiento. Similar porcentaje esta pronosticado para el año 2013. 

El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y Bancos de Inversión destacan el continuo crecimiento de la economía peruana, considerándole como una de las economías  más equilibrada de la región. Esta en la niña de los ojos de los inversionistas, que a todas luces es muy alentador.

Hasta ahí todo va bien, pero como siempre existe el pero, hay que tener mucho cuidado con esos cantos de sirenas, porque si no somos finos y prudentes en la conducción de la política económica, rápidamente podemos pasar del entusiasmo al desencanto. Ojo con la crisis internacional que agobia a países como Turquía, Grecia, Finlandia, España e Italia.

No olvidemos que hubo tiempos no tan lejanos en la que se hablaba firmemente de los milagros en el continente asiático, del milagro finlandes, entre otros. Hoy en día la economía norteamericana en franco declive, la economía china retrocediendo algunos puntos, los europeos en un proceso de  estancamiento y, así en otros países con economía en franca decadencia.

Lo admirable frente a estos obstáculos señalados, es que los pueblos vuelvan a creer. Que los políticos hacen  su mejores esfuerzos  para sacar adelante a sus países. Que el sol que se levantó sobre los milagros que ahora se extinguen había visto otras madrugadas y otros crepúsculos. La gente, todos nosotros, donde estemos, nos despertamos cada nueva vez, sin embargo, con los ojos llenos de ilusión.

Eso es lo que esta pasando con la gente en el Perú. Vamos pasando del desencanto a la esperanza de una mejor vida, con la opción de que se haga una mejor redistribución del ingreso, solo entonces, el crecimiento llegaría a todos.Decir que esto forma parte del ritmo básico de la vida y conocer sus causas equivaldría a saber por qué cada año hay primavera y otoño, cada día amanecer y anochecer.

Quien quisiera alterar este ritmo se internaría en regiones ignotas, emprendería una tarea utópica. La sabiduría política de algunos pueblos han permitido, empero, atenuar o moderar los efectos catastróficos que produce el ritmo "esperanza-desencanto" cuando librado a si mismo, se vuelve torrente.

Es imposible evitar el sube y baja del ciclo que empieza con el brío de un nuevo gobierno, y se agota cuando sus promesas se desvanecen en el aire. Cada vez el ciudadano espera más de lo que el gobernante promete o puede darle. Por eso, la verdadera democracia es el sistema capaz de procesar los altos y bajos del ciclo esperanza-desencanto.

Un sistema que permite las expresiones naturales del humor popular y a través de ellas, el progreso y la continuidad. Por eso, para no volver a caer en la inestabilidad del desencanto que tantos años de lucha y sacrificio nos ha costado, para salir adelante, es que nuestros políticos y gobernantes deben de hilar muy fino para consolidar  y dar firmeza a nuestra economía y lograr escalar al primer mundo. He aquí nuestra prioridad política.